
Yo, el bote de pintura
11 diciembre 2011
Un día tranquilo hasta ahora. Mis compañeros y yo, seguimos esperando el momento justo para entrar en acción. Todos tan diferentes entre sí, pero a pesar de no encontrar similitudes, hacemos un gran equipo cuando trabajamos juntos.
Tras un buen rato, por fin han llegado a tomarme entre una gama de colores, que serviremos como arma para ir a la guerra. Cada pincelada, toma parte de nosotros para crear un mundo nuevo, un nuevo rostro, algún otro objeto o simplemente un revoltijo de colores que hacen a los ojos disfrutar.
Es momento de actuar. Veo como parte de mí comienza a ser pieza del rompecabezas que se está armando. Veo con satisfacción que mis habilidades fueron requeridas y desempeñé un buen trabajo.
Tras varios pinceles y capas nuestras, puedo ver una obra terminada, una obra única, en la cual forme parte. Es aquí cuando la alegría llega a mí.
Ha llegado el momento de esperar de nuevo; he vuelto al lugar de siempre, justo al lado de más colores, que al igual que yo sienten una gran satisfacción y un sentimiento de tristeza que no podemos ocultar.
Hacemos juntos obras y piezas únicas, pero, poco a poco, nos vamos agotando, comenzamos a desaparecer. No podemos dar vuelta atrás, sólo podemos ver aquellos paisajes, rostros y ambientes que brindan alegrías, pero que a su vez, reemplazan nuestro lugar en la repisa, por alguien nuevo que ya está listo para plasmar algo nuevo.