
Sólo ves
27 diciembre 2011Suena la canción que mi teléfono reproduce para hacerme abrir los ojos por las mañanas; el sol, entra por la ventana avisando que será un día cálido y soleado. El desorden de ropa y cosas, sigue ahí sin haber un cambio en sus posiciones. Las sábanas y colchas que me cubren son tan acogedoras que no desearía deshacer ninguno de sus pliegues. Ha llegado la hora de salir y abrir la puerta.
El sol sigue saludando por la ventana del baño, y mi yo del otro lado del espejo, no olvida lavar sus dientes, al mismo tiempo que yo lo hago.
De vuelta al cuarto, ahora se ha puesto un poco de orden. Aquella camisa arrugada tirada en la cama, debe estar en otro lugar arrumbada y escondida de la visita de algún extraño. La cama forma un cuadro perfecto, una línea horizontal rige el orden de aquel cobertor, y un lote de ropa limpia y planchada aguarda encima del orden establecido por el ambiente.
La puerta está abierta, el sol insiste en saludar más fuerte de lo que lo hizo anteriormente, pues cubre ahora cada centímetro de aquella persona parada en el marco que divide el interior de la casa y el mundo exterior. Tal parece que la gente que camina sobre las banquetas y viaja en esos camiones y autos, sigue el mismo ritmo que el día anterior.
La puerta se cierra mientras alguien más se une a la caminata de aquellas personas sobre la banqueta.
